Pensé que cuando me fui del DF me había librado de los "mirreyes", pero qué sorpresa fue encontrarme que en Puebla hay toda una dinastía consolidada de sujetos con títulos nobiliarios: Luis es el "Marqués del campus", Pedro es el "Príncipe de la garnacha" y este bar es "El Conde de Ovando".
La diferencia es que la buena copa manda y reina por estos rumbos, porque yo me he puesto unas verdaderas borracheras novohispanas con estos aristócratas muchachitos que, si fuera por ellos, se levantarían en armas contra el conde dueño de este sitio y tomarían todos los barriles cual sitio al fuerte de Loreto.
Afortunadamente para todos, el buen trato, los precios y promociones de cervezas de 2x45 han hecho que nunca hayamos tenido que llegar a esa brusca reacción de autoritarismo de la realeza poblana, porque, en mi defensa, yo sigo siendo un advenedizo chilango plebeyo que disfruta visitar esta taberna. read more