Es un bar familiar, que cumple en la actualidad nada menos que cuarenta añazos. Yo acudo alguna vez al mes desde hace unos diez años, y siempre, siempre salgo contenta. La carta es bastante variada: raciones de tapas típicas manchegas y no necesariamente manchegas, buen pescado, ensaladas con cierta variedad, bocadillos elaborados y postres caseros. En los últimos años la calidad de los productos se ha mantenido, y el precio se ha subido muy poco, lo cual lamentablemente no ha sido lo habitual en el resto de establecimientos (que yo haya visitado).
Por si fuera poco la estupenda relación calidad-precio, es un sitio donde hay buen rollete, tanto entre los camareros y el dueño, como del personal con los clientes. Dominan el arte de ser amable y cercano e incluso hacer bromas, sin excesos ni agobios. Vamos, que además caen bien. El bar no es muy grande, tienen unas cuantas mesas también en la calle. No reservan mesa y si quieres sentarte relativamente pronto, hay que madrugar. Si no llegas a tiempo, el dueño te apunta, y la barra se llena de gente esperando su mesa tomando su caña con las primeras tapas. read more