Justo abajo de casa de mi novio, donde paso mucho tiempo, hay una farmacia, muy vieja y algo descuidada.
La verdad es que no sabes que tan útil es una farmacia hasta que te das cuenta que la necesitas por lo menos una vez a la semana, pero lo que sí notas desde el principio es que si a la tercera ocasión que vas buscando algo en específico y te vuelven a decir que no lo tienen, algo está fallando.
Honestamente, esta farmacia funciona más como una tienda de abarrotes (papitas, refrescos, pan, etc) que como una surtidora de medicamentos o productos estéticos.
La señora y el señor que te atienden parecen siempre desganados, les cuesta mucho trabajo hacer funcionar su terminal para tarjetas y nunca de los nuncas tienen cambio.
Prefiero caminar unas cuatro o tres cuadras más antes que acudir a la Farmacia París de descuento. read more