Tengo unos tenis desde la secundaria, que me compré enorme pensando que al día siguiente me iba a crecer el pie. Y sí me creció. Tan bien le calculé que a la fecha me siguen quedando...
Por supuesto que el paso del tiempo y mi nomadismo exacerbado ha ido haciendo que la suela se desgaste tanto que hasta se me asoma el talón cuando levanto el pie.
Tanto caminar ya terminó por decidirme a traerlos aquí a ver cuánto me cobraban. La cosa es que cambiar una suela parece ser un negocio no redituable, porque me querían cobrar más de lo que pagué por mis tenis y me dijeron que a ver si quedaba, que le iban a preguntar al técnico si se animaba...
No sé si fue necedad mía o que estoy enceguecido por el amor a mis tenis viejos, pero me enojé tanto que mejor los agarré, me di la media vuelta y me fui con ellos abrazados. A seguir caminando con medio pie de fuera... read more