Sushi, suhi, sushi. Fino, fino, fino. Esta combinación suele ser bastante usual, pero no siempre es afortunada y casi siempre lo caro excede las posibilidades de un chavo banda como yo con ganas de sentirse elegante y aceptado en la alta sociedad.
No es que aquí haya sido fácil juntar dineros para ir, pero afortunadamente a uno de mis cuates le salió un buen negocio y decidió invitarnos a todos sus compas ávidos de pescado enrollado (somos sólo 3 porque siempre anda ocupado transando al prójimo).
Nos pusimos nuestras mejores galas, o sea los pantalones de mezclilla que no están rotos y nuestras camisas de cuadritos. Nuestra elegancia apenas alcanzaba a corresponder a lo fresco del salmón y lo rico de la soya. De haber tenido smoking me lo hubiera puesto sólo por respeto al deli. read more