Por andar comiendo tanto mole, a la Mono le dio un empacho de aquellos. De esos que el pepto bismol ya no alcanza a curar...
Así que le preguntamos a mi tía qué hacer y dijo que nos iba a dar la dirección de su doctor que nos iba a atender tres días después. Afortundamente, la muchacha de la limpieza en casa de la tía, doña Margarita, escuchó todo el dilema y dijo: "lo que esta niña necesita es que le truenen el empacho..." y me mandó a buscar una pomada llamada "pan puerco".
La verdad yo estuve pensando en los cochinitos de hechos de masa todo el tiempo, de esos que venden en las carreteras, que huelen a piloncillo. Pero ¡no!, en esta tienda me sacaron de la confusión y me vendieron un frasquito lleno de esa pasta indescriptible que terminó por curar a la Mono; que quedó lista para seguir empachándonos, ahora con mucha mayor confianza, porque ya sabemos que doña Margarita nos cura, después de mucho pellizco, pero sin riesgo de muerte por mole. read more