Hace poco leí que habían entrado en problemas, las personas comenzaron a quejarse por la mezcla de volante y alcohol. No estoy a favor de beber y conducir, pero, ¿quién lo no ha hecho? ¿Quién no ha vuelto con unos tragos demás y debió conducir? No justifico nada, está bien que en un intento de civilizar personalidades tan encontradas y diversas se apliquen normas como esta. Pero el hecho de que sea necesario, no implica que no se haya disfrutado a mares.
Comenzó por ser pueblo de paso para los viajantes a Mazamitla. El pueblo, con el genio que le caracteriza, decidió aprovechar esto y puso un negocio de vampiros que se tornó importantísimo. Casi un punto turístico. Los fines de semana San Luis Soyoatlán se infesta de jóvenes. ¡El puesto principal tiene una fila constante de más de cuarenta personas!
Aquellos que no van a Mazamitla ni a algún pueblo de la Ribera de Chapala, se quedan en el pueblo, bajan por sus calles hasta el lago. Ahí hay otro puñado de puestos. Estacionan su auto, ponen la música que les agrada, y dejan pasar el tiempo. Para nuestra generación ya es un referente.
Seguramente los quitarán. O al menos tendrá un control interno para evitar esa mezcla de alcohol y carretera. Pero mientras duren, no dejemos de ir: nuestra generación recordará esto con mucho cariño cuando tengamos arrugas y San Luis Soyoatlán ten
ga otros atracctivos. read more