Recuerdo que el primer cine que visité fue El Monumental. La película, El Rey León. (No vale calcular la edad). Durante mi niñez este cine, ubicado en la mítica esquina de peatonal San Martín y calle San Luis, fue la sede de mis múltiples fantasías, de las historias más lindas que haya visto en las pantallas grandes.
Durante muchos años, dejé de frecuentarlo. La apertura de los grande cines con un nivel de marketing abrumador hicieron que dejara de hacerlo. Sin embargo, hace poco, alguien me invitó a ver una película a El Monumetal. Me pareció hermoso poder volver. Acepté con gusto.
Cuando entré a la sala me pregunté por qué había dejado de ir, si era tan lindo, tan grande, las butacas tan cómodas. No encontraba explicación. Me puso feliz estar sentada otra vez en esa sala, mirando una película argentina y además, con compañía de lujo.
Me juré volver al cine del centro cada vez que pueda. Además de que la entrada es mucho más económica que en los grandes cines, el lugar es encantador. Aun conserva las estrellitas pintadas del techo y el encanto de la cartelera expuesta en vidrios que dan a la calle. Un cine disponible que es preciso no olvidar. read more