La típica oficina de correos, llena de gente, con el aviso de turno de hilo musical y con clientes que, a pesar de vestir prácticamente en pijama y pantuflas, siempre parecen tener más prisa que tú.
No llegues con prisa, porque a pesar de que a veces no hay mucha cola, lo normal es que te toque esperar 10 minutos. Bueno, pues me siento y espero, puedes pensar, pero no. Hay 2 sillas y las dos rezuman el jugo inmemorial de miles de traseros estresados. Dan, literalmente, asco y vergüenza. Su uso se ve limitado a gente para la que sentarse es cuestión de vida o muerte. Para redondear el conjunto, el parking exterior es una de las 12 pruebas de Asterix, porque encontrar un sitio en el que aparcar el coche es cuasi imposible.
La zona de espera, minúscula para la cantidad de gente que se suele agolpar en ella, nos recuerda aquello de "la buena confitura se guarda en bote pequeño", ya que la gente que te atiende es la gente con más premios Nobel de la amabilidad del mundo. He visto varios rifirrafes con clientes, seamos claros, clientes imbéciles e impertinentes, y la réplica siempre llega acompañada de buenas maneras. A mí, personalmente, siempre me han tratado muy bien y con una sonrisa.
Así pues, visitad esta oficina de correos si queréis enviar una carta y recibir una sonrisa a cambio y si os gustan las sillas del infierno. read more