Imagino que en todo barrio arraigado que se precie suele haber un bar de barrio, una especie de taberna, consistente en un espacio interior pequeñito, una barra detrás de la que hay un señor que peina ya sus canas, motivos tradicionales por las paredes, una pantalla con tele de pago para ver el fútbol...
Pues bien, este no es una excepción. Los parroquianos entran y charlan con el experimentado regente del bar, algunos con una maestría y experiencia tal que, con hacer un gesto al entrar, tienen ipso facto su vaso chato de vino por delante.
El interior es pequeño, apenas unas cuantos taburetes caben, de hecho la pequeña pero resultona cocina está integrada en la barra, porque no hay espacio para más. La barra está directamente comunicada con un amplio ventanal por el que los clientes recogen las comidas, ya que aquí funciona el terraceo con autoservicio. Es por ello que este bar hace de los días buenos y soleados sus mejores jornadas.
La comida que se sirve, si conocéis este tipo de sitio, es la habitual: tapas frías (ensaladilla, aliños), montaditos, alguna carne a la plancha en tapa... No demasiado más, aunque a un establecimiento de este tipo tampoco se le suele pedir más, ¿verdad?. En mi opinión, no es una mala opción para tomarse una cervecita al mediodía por Santa Aurelia, a pesar de que en el entorno inmediato no son pocas las opciones para ello. read more