Propiedad de un conocido empresario hostelero abulense, es una pena que este establecimiento no esté llevado de una forma más eficiente, ya que posee las vistas más privilegiadas de toda la ciudad, pero parece ser que aquí prima utilizar las vistas para subirte el precio de forma indiscriminada sin aumentar la calidad, y no como reclamo para atraer más clientela.
Se trata del espacio que el arquitecto del Palacio de Congresos Lienzo Norte reservó para la instalación de un bar-restaurante de dos plantas, con gran amplitud y con una pared vidriada a través de la cual se puede apreciar todo el lienzo Norte de la Muralla de Ávila. Cuenta, además, con una terraza rodeada de verde que lo convierten en el sitio idóneo para pasar las tardes de verano.
Hasta aquí todo perfecto, el problema llega con la ineficiencia con la que este negocio es llevado, porque entendería perfectamente que el precio fuera superior a la media abulense debido al privilegiado entorno que te rodea, pero no cuando, en una ciudad con tanta tradición en tapas como es Ávila, te pongan de pincho unos torreznos o una tortilla del día anterior como si de una taberna de pueblo se tratase. Consideraría eso perfectamente normal si te metes en alguna de las muchas tascas que pueblan Ávila, pero no en un sitio que debe hacer alarde de modernidad y una cocina más elaborada.
Siguiendo con el tema de la modernidad, también estaría bien que el servicio fuera algo más joven y es que, personalmente, la imagen de un camarero de unos 50 años con la típica camisa granate con marcas de algún lamparón no creo que es la que deba dar este negocio.
En definitiva, lugar e infraestructura cinco estrellas para un negocio que debería estar prácticamente lleno todos los días pero cuya ineficiencia en la forma de llevarlo hacen que no esté tan lleno como debería estar, estando a veces incluso vacío, y convirtiéndolo en un negocio de tres estrellas. Aún así, no dejes de visitarlo cuando vengas a Ávila. Parada obligatoria. read more