En diagonal al coqueto Ros Tower Hotel, se encuentra en la ochava esta hermosa panadería y confitería. Tuve el placer de ir a tomar la merienda hace poco, con un grupo de amigas, y me encantó a mí y a ellas.
Tomamos el té, con unas ricas tortas, cada una pidió una diferente para compartir y ver cuál era más rica, así la próxima vez íbamos a lo seguro. Igual estaban todas exquisitas.
La atención es muy buena, y el aroma que hay ahí dentro hace que uno se quiera quedar a pasar toda la tarde allí.
Es ideal para ir a tomar la merienda y después hacer una caminata por el río, para bajar un poco tanta azúcar.
El lugar no es muy grande, pero está bien puesto, lo justo y necesario para poder mantener una amena conversación, sin estar gritándose, y eso en un grupo de mujeres es decir mucho. A diferencia de las ahora en auge casas de té, que suelen estar copadas por la platea femenina, acá también asisten señores y muchachos. Me gusta que no cae en el cliché de pintar todo de blanco y colores pasteles, que parece ser uno de los diez mandamientos de las confiterías actuales. read more