Acostumbrados como estamos, sobre todo si vamos fatal de tiempo, a comprar en el típico supermercado enorme pero impersonal cualquier artículo, sorprende de pronto toparse con un negocio tan común como una pescadería y preguntarte por qué hemos dejado de consumir en estos lugares. Soy un verdadero fanático del pescado así que no pude resistir la tentación de entrar y después de disfrutar con el panorama maravilloso y bien fresco, arrancado del mar, que se presentaba frente a mí, comprar unas sardinas para la comida que resultaron todo un acierto (mi novia es otra enamorada de los productos marítimos). Me encanta además la atención de la gente que lleva estos locales y te tratan como si fueras un amigo que conocen de toda la vida. Lo dicho, ¿por qué dejamos de ir a estos verdaderos patrimonios culturales de los barrios? read more