Y después de una dulce tarde de plaza, un broche de helado es lo mejor. Cuántos paseantes hacemos este trayecto: arena, tobogán, hamacas, helado. Y no podía haber una heladería más acertada que ésta para despedirse de la tarde: Mont.
La heladería está pegada a la esquina, y el sector mesas de la vereda está protegido por barandales de hierro. Adentro, un grupo de personas atiende con toda la simpatía. La heladería es un golazo porque los helados son ricos, cremosos, y por los precios, sobre todo por los precios, ya que hay helados en palito, que son los más baratos, y helados de bocha desde los $20.
Hoy fui por primera vez, y me senté bajo una sombrilla, en la vereda. Ocurrió algo singular: a la primer gotita de helado que se me derramó sobre la mesa, un señor, el mismo que me había abierto la puerta con tanta prestancia, apareció desde atrás mío con un trapo amarillo.
-Le limpio acá, así está más cómoda- me dijo.
-Ah, pero mirá que esto se me cayó a mí- le dije pensando que el pensaba que mi mesa estaba sucia de antes.
-No importa, no importa- me dijo, y explicó -el helado se cae por la diferencia de temperatura con la mesa.
Al rato, volvió y limpió de nuevo, cosa que ya me resultó un toque bizarra, aunque no dejó de ponerle color a la consumición. Me pregunto si esperaba que le dé propina. read more