Desde que con 14 años me compraron un Vespino por mi buen comportamiento aún no me he bajado de la moto y mantengo mi relación de amor-odio con este histórico establecimiento, en el que he comprado de todo: desde esos tubos de escape ruidosos que ahora me parecen de cárcel hasta aceite para una moto dos tiempos pasando por cascos Shoei y otros artilugios de menor importancia.
En Prieto, que quieren que les diga, sólo me parecen simpáticos a ratos, pero desde que hace años viraron el foco del negocio a todo lo relacionado con la motocicleta -aún hacen honor a su rótulo de azulejo con alguna oferta de bicis, pero menos- se ha convertido en un punto de visita obligada para moteros en busca de algún material sofisticado por la cantidad de su material, su precio competitivo y su amplísima red de contactos entre marcas y distribuidores.
Además de su sede histórica camino de Burjassot, tienen otros dos establecimientos en Valencia. read more