Hay lugares que se valen de su historia o tradición para no empeñarse en la calidad de sus productos, pero El Sindicato no es uno de ellos.
No voy a negar que lo a mí más me emocionó fue enterarme que la construcción perteneció, en los años 30, a los trabajadores de la fábrica textil "La Constancia", porque hay cierta vibra combativa y casi pueden escucharse los ecos de las voces en las asambleas de los trabajadores. Yo me la pasé con la mirada fija en los murales al fondo del salón.
El bistec a las tres pimientas está buenísimo y hay una gran variedad de platillos que ellos llaman "cocina poblana contemporánea". Lo malo es que los meseros se toman demasiado en serio eso de trabajar en un sitio sindical y no te tratan tan bien y se toman libertades como asignarse a sí mismos la propina. Yo quise quejarme, pero no hay buzón de sugerencias ni quejas. Me recordó a sindicatos un poco más contemporáneos e impositivos.
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