Tres leones custodian una de las plazas centrales de Guanajuato. Me gustan los lugares emblemáticos porque son marco de referencia para las buenas historias. Historias entre amigos, historias cursis, historias terribles. La mía es mágica, como la mayoría de mis anécdotas desde que la conozco.
Era de noche y salimos de un bar borrachos, tomados de la mano. Ana pensó en la fuente de Trevi, y como Anita Ekberg, pero sin vestido negro y gato, quizo sumergirse en ella. No había metido ni un dedo, cuando dos polis ya venían por nosotros. Les gritamos y salimos corriendo de ahí entre risas. Minutos después, nos volvió a jalar la belleza de la fuente de noche, y decimos regresar. Estuvimos un par de horas sentados, mojándonos la espalda, imaginando el rugido del león.
Dos parejas más, pronto se nos unieron, cada una viviendo su propia historia. read more