Fui a esta panadería y honestamente... no estaba listo para tanto antojo. Entré buscando un…read moreconchita, y terminé sudando más que el horno de la cocina. El aroma a pan recién hecho me abrazó tan rico que casi le pido su número.
El pancito estaba suave, calientita... demasiado calientita, como si alguien la hubiera horneado pensando en mis debilidades. El bolillo, firme y bien formado, casi me hizo perder la compostura. Y no hablemos del pan de chocolate... porque ahí sí me puse a reconsiderar decisiones de vida.
El personal muy amable: te miran como diciendo "¿qué se te antoja, corazón?", y uno nada más quiere decir "pues... ¿tienes tiempo para explicártelo?"
En resumen: aquí no solo te llevas pan... te llevas pensamientos que no deberías tener en una panadería a las 10 de la mañana.