Descubrí esta pastelería por mera casualidad, porque en estos rumbos vive una de las amigas de Mel que más ferviente intenté conquistar por los medios tradicionales: el detalle con los suegros.
La primera vez que fui a su casa, hace ya algunos años, olvidé que mi estrategia se concentraría en ello, entonces busqué desesperadamente algún sitio por los alrededores (aprovechando que, de por sí, ya me había perdido en mi camino y ya estaba dando vueltas por ahí).
El chiste es que cuando entré me encontré con las galletas más ricas del mundo detrás de una vitrina, que estaba frente a unos refrigerados con pasteles cubiertos de deliciosos y betunes y gelatinas dietéticas para las señoras.
Como no llevaba mucho dinero y las galletas ya me habían guiñado el ojo llevé un surtido rico a casa de la dichosa señorita, cuyo nombre no mencionaré por el momento. Pocas veces he quedado tan bien. read more