El Sirloin ha sido uno de mis mejores amigos desde el DF. Entonces, encontrármelo aquí fue como sentirme en casa, aunque no tanto.
Verán, yo estoy acostumbrado a que cuando llegas, el mesero inmediatamente te ofrezca la bebida y te invite a pasar a la barra, ya sea de ensaladas o a la caliente, si pagaste un poco más. Hasta ahí todo bien. Lo raro fue que cuando pasé a recogerme mi rebanada de lomo de cerdo en el área caliente, el señor que la corta, para empezar se tardó un montón en dignarse a voltear para servirme, a pesar de que ya me había visto y fue hasta que amagué con cortar mi propio trozo que él se acercó, malencarado, a servirme un pedacito que parecía muestra de súper. Le pedí triple ración, porque tampoco es que me la estuviera regalando y casi me la avienta al plato. Supongo que no estaba teniendo un buen día, pero pues uno, hambriento consumidor, no tiene la culpa... read more