A Ana le ofrecieron regalarle un Alaska pachón, peludito, gordo-bebé. Le costó mucho decir que no a tan maravillosa oferta, pero domina que sería una tragedia tener un perro de ese tamaño en su departamento. A pesar de que sabe que su decisión fue la correcta, se quedó muy triste -¡JuanO!¡ Ve sus patas regordetas! ¡Quiero abrazarlo!-
Si lo que quería era abrazarlo, se me ocurrió ir a conseguirle un Alaska-peluche igual de gordo y suavecito.
Llegué a Yupi: El mundo de los peluches. Habían, yo creo, más de mil peluches repartidos en un local de un piso, chiquito. Me recordó a un episodio de Escalofríos, donde los peluches cobran vida y asustan a los niños. Estaba en eso, cuando la chica que atiende me sacó de la pesadilla, preguntándome que deseaba. Le dije para que venía y en menos de un minuto, yo ya tenía frente a mí, 5 opciones diferentes de Peluche-Alaskas. Escogí el más gordo y lo pagué.
¡Tienen servicio de envoltura!, yo a mi Alaska no lo envolví, Ana me mata si se ahoga. read more