Bien... el Centro Histórico de Puebla es uno de esos lugares que me hacen apreciar a la ciudad y dejar de lado el escozor que a veces me causa la manera en la que percibo a la gente de allá.
Sin duda alguna, es uno de mis lugares favoritos de Puebla, lleno de negocios de todo lo que se pueda uno imaginar. Desde sus maravillosos portales con restaurantes, pasando a los bares e ir a tomar unos tragos con los amigos, el zócalo lleno de comerciantes y gente que se detiene a tomar asiento para apreciar su derredor, todo se impregna con movimiento, actividad, quieres formar parte de la ciudad al estar parado ahí.
Pero nada tendría sentido en el Centro, al menos para mí, si no te detienes aunque sea un instante a admirar la gloriosa catedral de Puebla, u oficialmente, catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Se trata de una imponente construcción en cantera, con planta basilical, cinco naves, crucero y dos cúpulas, que combina estilo Barroco y Herreriano, se construyó en 4 fases quedando completada en el año de 1649 bajo el mando del obispo Juan de Palafox. Lo mejor de todo les espera al entrar a ella, es verdaderamente impresionante.
El centro posee un encanto especial que te transporta inmediatamente a la época colonial gracias a la bien conservada arquitectura, incluso en los locales comerciales que tanto abundan. Puedes encontrar literalmente casi de todo, desde la cemita más insípida y grasienta al lado de una cantinucha de cuarta, hasta los más pretensiosos locales, llámese de ropa, libros o incluso para degustar cerveza artesanal.
Todo ahí se confabula para que te la pases bien (siempre y cuando sepas donde ir), tampoco te pongas de pechito para un asalto. No obstante, es sin duda una de las joyas ilustres de esta ciudad que conjunta cultura, tradición, historia y vanguardia. read more