Mientras unos echan la porra y ondean la bandera rojinegra como preparativo para el triunfo (o la derrota, como en este caso) de sus Zorros del Atlas, entre gritos, trompetas, maracas, sudores y uno que otro trago de chupe; del otro lado una familia estacionó su coche a una cuantas cuadras y bajaron a pasearse entre el improvisado bosque de árboles móviles, esferas vidriosas adornadas y coloreadas de forma diversa y series de luces de todos colores, intensidades y hasta sonidos.
La sociedad tapatía conoce aquí dos de sus más grandes grupos: la afición y la familia, que aunque en el parque Reforma parecen ser de dos mundos distintos, no falta el que pasó primero a checar precios prematuramente del arbolito navideño para después encaminarse con todo y los chavitos a ver a su equipo.
Cuando este show no está ocurriendo el parque es algo muy sencillo, como para sentarse a alimentar palomas reformadas. read more