so bad it was awful!
Hoy, mi esposa, me invitó a almorzar a el Rest. Ayres Criollos, este comparte calle con algunos restaurantes que visitamos con frecuencia, y donde nos sirven y tratan como familia. Ella tenía el plan de entregarme durante esa comida, un regalito para celebrar unos logros que acabamos de conseguir como pareja de pequeños empresarios, por los cuales estamos súper entusiasmados. Pero las cosas no resultaron como esperabamos. Mi esposa había comprado un Gustazo para el restaurant, cosa que hacemos para intentar sitios nuevos, y como empresarios y profesionales de la salud, de vez apoyar las pequeñas empresas locales hermanas, y en todos estos años, jamás habíamos vivido una experiencia tan rufianesca y discriminatoria como esta.
Desde el principio pusieron trabas y excusas para no honrar el Gustazo aun cuando el lugar con cabida para al menos cien personas estaba casi completamente vacío al medio dia!, Si eso hubiese sido el fin de los contratiempos no hubiese habido problema. Pero luego de haber ordenado aperitivo, y lo que consideramos dos platos -y lo que al fin y al cabo deseábamos almorzar y disfrutar en paz-, un plato para mí, más un mofongo solo con una ensalada de aguacate para mi esposa, nos dice la mesera y luego el gerente que teníamos que ordenar dos platos principales, regla que no estaba en ningún lugar del cupón y que jamás se nos había exigido en ningún lugar, y a pesar de que íbamos a pagar con nuestra orden aproximadamente el doble de lo que el cupón nos otorgaba, y no es la cantidad tampoco, sesenta dólares se gastan hoy en día en cualquier timbiriche, es que era algo que no estábamos obligados a hacer, pero no, encima tuvieron la insensata valentía de exigirnos gastar más dinero en un lugar en el que nos estaban insultando y discriminado con tal demanda arbitraria! Y hablando de cafetines, ojala este lugar tuviese el nivel de servicio, calidad y buen trato de muchos cafetines de la isla, pues en casi una hora que esperamos en la mesa no nos sirvieron las bebidas ordenadas. El supervisor luego de escuchar nuestra decepción y malestar con la experiencia que mi esposa había planificado con ilusión nos dijo, visiblemente avergonzado, que nos entendía y estaba de acuerdo pero que la dueña del lugar no estaba dispuesta a tranzar, la mesera de igual forma nos dijo que las reglas que la dueña ponía no se podían cambiar.
Sabemos que son tiempos difíciles para los restaurantes y pequeños negocios, pero nada justifica este nivel de descaro, ni tales actos bajos y arbitrarios, ni el discrimen e insulto al que fuimos expuestos, fue tal el agravio y el malestar que decidimos irnos sin comer, y ni una disculpa nos ofrecieron. read more