Me dirijo a ustedes para presentar una queja formal de carácter grave, derivada de un incidente ocurrido durante nuestra estancia en su hotel, el cual puso en riesgo directo la vida y la integridad de mi hijo de 8 años, bajo el cuidado de personal de la propiedad.
Antes de abordar el motivo de este correo, considero importante mencionar que nuestra experiencia en varios aspectos del hotel fue positiva.
Mi familia y yo (5 adultos y 2 menores de 8 y 12 años) nos hospedamos del 5 al 8 de febrero. El servicio en restaurantes y bares fue bueno, la comida --aunque con oportunidad de mayor variedad-- tuvo buen sabor, el concepto del carrito de bebidas en las albercas es destacable, y las habitaciones resultaron cómodas y adecuadas para viajar con niños.
Lamentablemente, estos aspectos positivos quedaron completamente opacados por un hecho alarmante que la administración del hotel aparentemente no dimensionó con la seriedad que ameritaba.
Relato del incidente
El 6 de febrero, alrededor de las 13:45 hrs, mi hijo de 8 años solicitó asistir al Kids Club. Me presenté con él y se me indicó que debía regresar a las 15:00 hrs, ya que los niños saldrían a comer. Cumplí con todas las indicaciones solicitadas: registré a mi hijo en la aplicación, proporcioné números telefónicos y correos electrónicos, y se tomó fotografía de las únicas personas autorizadas para recogerlo: su madre y yo.
A las 15:00 hrs regresé con mi hijo al Kids Club, se verificó su registro y firmé la responsiva correspondiente.
A las 16:45 hrs acudí a recogerlo y encontré el Kids Club cerrado. Al preguntar por mi hijo, la respuesta que recibí fue:
"Se lo llevó su papá", lo cual es imposible, ya que yo soy su padre y estaba presente.
A partir de ese momento comenzó una situación que ningún padre debería vivir:
el personal no sabía quién se había llevado a mi hijo, ni dónde se encontraba un menor de 8 años bajo su custodia.
La colaboradora del Kids Club simplemente comenzó a caminar sin explicarme qué se estaba haciendo para localizarlo. No se activó ningún protocolo, no se informó a seguridad de inmediato, no se solicitó apoyo por radio ni se me dio instrucción alguna. Ante la falta total de respuesta, alerté a mis familiares para iniciar la búsqueda por nuestra cuenta.
Durante el trayecto nos cruzamos con un elemento de seguridad, Saúl, quien --ya informado-- fue el único que mostró apoyo, empatía y profesionalismo. Hasta ese momento nadie le había notificado que había un niño perdido.
Posteriormente se sumó otra colaboradora del Kids Club, quien recibió originalmente a mi hijo, mostrando una actitud defensiva y total ausencia de empatía. En ningún momento el personal mostró preocupación genuina; parecían más interesados en justificarse que en entender que había un niño desaparecido y un padre en pánico.
Finalmente, mientras nos dirigíamos a recepción, fui informado de que mi esposa había encontrado a nuestro hijo deambulando solo por el lobby, llorando y visiblemente asustado.
Información posterior y riesgos ignorados
Mi hijo me informó que en repetidas ocasiones pidió que me llamaran para que fuera por él, lo cual nunca se hizo, a pesar de que el hotel contaba con mis datos de contacto. Durante una actividad en la playa, se separó del grupo para buscarnos.
Este hecho enciende alertas sumamente graves:
Se ignoró la solicitud de ayuda de un menor.
No se detectó que se separara del grupo.
No se controló quién lo retiró del Kids Club.
No se activó ningún protocolo de búsqueda.
El menor pudo haber entrado al mar, ser sustraído por un extraño o ser víctima de una agresión dentro del hotel.
El incidente fue minimizado con frases como "gracias a Dios no pasó a mayores".
Mi pregunta es inevitable: ¿y si sí hubiera pasado?
Manejo posterior por parte del hotel
En recepción fui atendido por Sofía Moreno y Melissa Garduza, quienes intentaron desescalar la situación. Nuevamente, con excepción del elemento de seguridad Saúl, nadie comprendió que no estaban frente a un cliente molesto, sino frente a un padre aterrorizado porque su hijo no estaba donde lo dejó bajo el cuidado del hotel.
Se me indicó que al momento de mi salida se me proporcionaría un número de reporte, lo cual no ocurrió, y posteriormente se me informó que dichos números "no existen", reforzando mi percepción de falta de procesos claros y profesionalismo.
El día de mi salida, 8 de febrero, hablé con Carolina, Guest Service Manager, quien desde el inicio mostró una actitud defensiva y confrontativa, tratando el incidente con una ligereza comparable a la pérdida de un objeto personal. Una de sus respuestas fue:
"Tiene que mandar un correo con lo que usted dice que pasó", lo cual incrementó mi sensación de ser ignorado y desestimado.
Más allá de la intención, este tipo de comunicación demuestra una grave falta de capacitación en manejo de crisis y empatía, especialmente cuando se trata de menores de edad. read more